ÁREA PRIVADA

  • Cynthia y Federico (matrimonio de Madrid, España)

    -- Transcripción del testimonio de Cynthia y Federico, que puedes ver en formato video haciendo click AQUÍ

     

    <C> Mi nombre es Cynthia y él es mi marido, Federico. Tenemos tres hijos, una de 12, uno de 7 y uno de 3. Somos una familia católica. Yo voy a un grupo de oración y tuve una conversión hace como 10 años, más o menos. Antes de eso no tenía fe, cero. Y hace 4 fue la primera vez que vine a Medjugorje. Aquí pude subir al Monte de las Apariciones y le pedí a la Virgen que quería venir con toda mi familia. A las 3 semanas de volver a Madrid nos llevó a Fátima, en realidad. Y yo estaba un poco como “qué bien que estamos en Fátima, pero yo había pedido Medjugorje”. Tres meses después de aquello, yo quedé embarazada de mi tercer hijo y ahora estamos aquí con él. Así que es un regalo maravilloso que nos ha hecho Ella, de una petición que yo le hice. Y, claro, yo en ese momento no sabía por qué no nos traía antes, pero ahora ya lo tenemos clarísimo. Hemos llegado hace una semana. El primer día fue como muy duro, porque llovió y hacía frío y como que no pasaba nada. Estábamos un poco caóticos con los niños, era una peregrinación llena de familias y a los niños hay que estar mirándolos todo el día, uno se va corriendo por allá, otro se va por acá, se pelean, tienen hambre, tienen sueño… y fue muy caótico, ¿no? Entonces el día martes subimos al Podbrdo, al Monte de las Apariciones, juntos, en familia.  ¿A tí que te pareció? Lo que viste (mirando a Federico).

    <F> Me sorprendió mucho que la gente subía con mucha fe y que la gente iba descalza, fue otra cosa que me sorprendió mucho. Ofrecían la subida. Y arriba, la presencia de la Virgen, que se sentía en las caras y en los rostros de las personas. Eso me impactó porque yo en ese momento no estaba, digamos, sintiendo lo mismo que sentía la gente porque acabábamos de llegar y todavía estaba introduciéndome en lo que es Medjugorje y al principio me costó un poco.

    <C> Sí, porque yo soy más de ir al grupo de oración, más de ir a Misa a diario, más todo . Y Fede va como que viene conmigo pero más atrás de mí, ¿no? Por explicarlo de alguna manera. Entonces, el día que fuimos al Podbrdo, en la tarde fuimos a Misa; y estaba encantada, por supuesto, era la primera Misa que veía así, en una tarde maravillosa, al aire libre, espectacular, estaba feliz. Me puse la radio y todo. Y Fede al terminar la Misa, ¿qué me dijiste?

    <F> Sí, te comenté que, bueno, ya habiendo visto el Monte de las Apariciones y habiendo ido a Misa, como que estaba todo visto y qué hacíamos aquí. Yo decía, esto ya está visto, una vez visto esto, ya está visto todo Medjugorje.

    <C> Claro, yo estaba muy triste porque había preparado un viaje durante meses, había pensado el viaje durante meses. Habíamos preparado chubasqueros, botas de agua, todo para venir una semana de lluvia… Habíamos pensado, incluso, el ultimo día ir a Dubrovnik, no quedarnos aquí la ultima noche, pensando que ellos iban a aburrirse. Pensé “el ultimo día, al menos, les doy Dubrovnik y así terminan el viaje bien y se van contentos, nos volvemos contentos a Madrid”. Entonces, al día siguiente nos tocaba subir al Križevac. Y era subir al Križevac con una niña de 12 años, un niño de 7 y uno de 3, que no tenía ninguna intención de dar un solo paso en el monte. Y, además, Federico me había dicho antes de venir que él no iba a subir ningún monte en este viaje porque él en este viaje venía a descansar.

    <F> Yo pensaba, pues eso, que puesto que era un viaje de familia, que yo venia a descansar, que yo aquí no iba a venir a darme la paliza. El primer día que subí al Monte de las Apariciones me pareció ya una subida importante y la gente comentaba que esto “no era nada” con lo que era el Križevac. Y entonces, dije, bueno, si he sido capaz de subir el otro monte, subiré este. El primer kilómetro que empezamos a subir me pareció agotador, durísimo. Hasta el punto de que llevaba al niño al principio de la mano pero ya luego quiso que le cargara en los hombros. Entonces, cuando me lo puse a los hombros, un niño de 3 años que pesa 15 kilos, pues ya empece a sentir un dolor en los hombros, una tensión, unos tirones en la espalda. El sacerdote que venia con nosotros en el grupo, Santiago, me dijo “no te preocupes, Federico, que yo me hago cargo de tu mochila, que pesa 2 o 3 kilos más con el agua y las cosas que llevas ahí”. Y le dije “¡ah! vale, ¡gracias!”. Ese fue el primer kilómetro. Desde ahí, hicimos una o dos paradas en la cruz y hubo un momento en que ya, agotado, había una monjita también del grupo, Trini, que me dijo “Federico, si quieres llevo yo a Alejandro en brazos” y dije “no”. “Lo voy a cargar yo porque voy hacer un sacrificio. Para mí esto es como ofrecérselo por la Cruz, por el sacrificio de la Cruz”. Y, entonces, me lo cargué a los hombros, me lo puse encima y empece a subir. Al principio, notaba el peso, la dureza y, según iba subiendo peldaño a peldaño, que cada vez los peldaños eran más altos y eran peldaños de casi medio metro, iba notando como una ligereza… que digo “pero bueno, si parece que me están llevando esto en volandas, que voy cada vez más liviano y mas ligero”.  Y subía un peldaño y otro peldaño y otro peldaño y decía “pero si es que me pesa ahora menos, a los 2 kilómetros que al primer kilómetro, esto es increíble”. Y seguía subiendo con una ligereza… yo subía y subía y subía…

    <C> Y, claro, yo venía detrás. Y lo miraba y lo veía desde atrás, con el niño encima de los hombros, que además se le colgaba, y yo miraba a las piedras y decía “pero ¿cómo ha subido por aquí?, ¿cómo ha hecho equilibrio?”, porque no solamente es el peso sino el equilibrio cuando uno sube un monte de rocas. Yo te miraba y decía, “¿cómo? ¿cómo lo está haciendo?” No me lo explicaba.

    <F> Es un monte muy duro de subir y, realmente, cuando iba subiendo yo pensaba “aquí tiene que ser la Virgen la que me está llevando a la cima de la montaña, porque esto es increíble, cada vez me pesa menos, cada vez subo mejor”. Y así, llegamos arriba, al cerro. Rezamos un poquito y estuvimos allí arriba contemplando Medjugorje desde arriba, las vistas impresionantes,  pensando mucho en el viaje. Y es cuando yo creo que te vas introduciendo en lo que representa Medjugorje, la Virgen y todo lo que se palpa aquí y te impregna completamente. Y ya empezamos a bajar.

    <C> Y la bajada es como una hora, me parece, si no me equivoco. Uno cree que la bajada va a ser menos dura, pero es tan dura como la subida porque tienes que ver dónde pisas y no caerte y también duelen la piernas. Y la bajada fue igual, ¿no?

    <F> Fue igual. Igual. Yo me sentía liviano igual, bajando, bajando. Hice tres paradas pero liviano.

    <C> Y en la noche, yo estoy acostumbrada a que Fede siempre está quejándose que está cansado, que se ha dado paliza por el trabajo o por lo que sea y, entonces, yo esperaba en la cena que se siente conmigo y me diga “vaya paliza me he dado”, “vaya subida”. Y en vez de decirme eso, se sentó y me dijo “estoy feliz”. No solamente dijo “estoy feliz” sino “no estoy cansado”. Y yo, “¿cómo que no estás cansado? Es como para tumbarte en la cama tres días". Y ni siquiera estaba cansado aquella noche. Al día siguiente, por la mañana, yo le digo “recuerda que nos quedan dos días, porque nos vamos a ir a Dubrovnik, así que, si nos queremos comprar una Virgen para llevárnosla para el jardín, tenemos que hacerlo entre hoy y mañana”. Y me dijo “¿cómo que solo dos días? si no me he confesado, no he comulgado, no he hecho nada de lo que hay que hacer aquí”.

    <F> Así es.

    <C> Fue sorprendente. Y aquel día fuimos a visitar el Cenáculo que es un lugar donde hay chicos jóvenes y no tan jóvenes, chicos y chicas. Es gente que ha perdido el sentido de la vida y ahí se recuperan. Y escuchamos dos testimonios muy bonitos y luego dijeron que si alguien quería hacer alguna pregunta. Se hicieron muchas preguntas y Fede levantó la mano. Pensé, “pues a ver qué pregunta va a hacer”. Y al final no hizo ninguna pregunta. Cuenta tú, qué fue lo que pasó.

    <F> Fue para mi impresionante estar allí. El Cenáculo es un lugar donde chavales jóvenes de todas las edades se rehabilitan de muchos tipos de adicciones y han llegado ahí después de, prácticamente, ver el infierno en el que han vivido: su vida,  absoluto desastre; sus familias, preocupadas, y muchas con un sentimiento religioso, que han querido llevarles ahí como ultima oportunidad en la vida, por si había una solución para esos hijos. Y tener delante a esos dos chicos, uno que era de Costa Rica, Kevin, y otro chico también que estaba allí, pues a mí me tocó el alma y me tocó el corazón porque yo me sentí como ellos hace muchos años cuando yo tuve una adicción. Soy ex alcohólico rehabilitado desde hace ya muchos años. Tengo la suerte de haber salido de ese infierno y de haber encontrado el apoyo de una familia, de Cynthia y de unos hijos.  A mí me ha servido también la fe para poder estar hoy, gracias a Dios hoy, como me encuentro aquí en Medjugorje, disfrutando de esta experiencia única que ha supuesto para toda la familia estar reunidos aquí. Y creo que es un regalo de la Virgen después de tanto esfuerzo y de tanto sufrimiento para salir de ese pozo, de ese infierno del que se puede salir, y para mí estar ahí, en ese momento, era dar gracias, gracias gracias; y pedirle a la Virgen de Medjugorje por esos jóvenes para que tengan la experiencia que les pueda ayudar a salir de ese pozo y de encontrar una familia que sea su apoyo para que algún día puedan ver la luz del sol.

    <C> Y yo por lo que estaba sorprendida, y hay que decirlo, es que Fede nunca había dicho que era alcohólico. En años y años. Era una cosa que le daba absolutamente vergüenza y ni siquiera mi hija que estaba ahí lo sabía. Y cuando yo se lo decía me decía “Ssshhh, que nadie escuche”. Y verle decirlo en voz alta delante de todo el grupo y delante de nuestros hijos fue para mí muy bonito. Y fuerte.

    <F> Para mí ha sido sanador decir en el Cenáculo delante de esos jóvenes mi experiencia personal. Decirlo públicamente aquí, en Medjugorje, ha sido muy sanador. Ha sido algo que me ha tocado el corazón totalmente.

    <C> Después de eso hemos tenido un grupo de oración también muy bonito. Hemos ido al grupo de oración a rezar y ha sido también espectacular, al aire libre en la Cruz azul. Luego hemos ido ver a Sor Emmanuel que para mí también fue una experiencia muy bonita. Yo he venido antes sin peregrinación a Medjugorje y hay una diferencia muy grande entre venir por tu cuenta y venir en una peregrinación con un sacerdote y que te lleven a vivir la experiencia de Medjugorje. Así que yo sí que recomiendo que si alguien está pensando en venir a Medjugorje que no lo haga por su cuenta, que busque una peregrinación, un grupo. Venir en grupo y en peregrinación, es que no hay ninguna comparación. En este caso, nos llevaron a visitar a sor Emmanuel, que es una monjita que ha escrito muchos libros, de los cuales me había leído muchos y pude saludarla y decirle lo importante que habían sido esos libros en mi vida. Y, luego, también fuimos al castillo de Patrick y Nancy, escuchamos su testimonio que fue también super bonito.

    <F> Ha sido una experiencia muy bonita con Patrick y Nancy. Nos acogieron en su castillo maravillosamente bien a nosotros y a todos los niños que iban en la peregrinación. Fue muy bonito. Nos enseñaron los lugares donde comía la gente que acogían allí gratuitamente, sacerdotes, familias ucranianas, hasta 300 personas. Y la generosidad, después de haber vivido ellos una vida de riqueza y opulencia, el vivir ahora de cara a los demás y con esa generosidad, esa humildad de dar todo lo que tenían en favor de los demás y abrazarnos como nos abrazaron, a mí, que no estoy acostumbrado a que me abracen, me cuesta que me abracen… Me llegó al alma, de verdad.

    <C> Es que cuando llegamos al aeropuerto de Croacia y vimos al grupo lo primero que me dijo él es “ay, aquí todos se abrazan y a mí no me gusta que todos se estén abrazando”. Y yo dije “uy, empezamos mal” y en la última visita que hemos ido al castillo ¡le estaban abrazando!

    <F> Patrick y Nancy, directamente, me estaban apachurrando.

    <C> ¡Y él estaba encantado con los abrazos! (risas).

    <F> Tenemos una foto con ellos en la que estamos completamente apachurrados y es preciosa esa foto, un recuerdo para siempre. El viaje ha sido maravilloso.

    <C> Y, al final, hemos cancelado la noche que íbamos a pasar en Dubrovnik porque Fede me ha pedido a mí que se quiere quedar aquí porque dice que esta experiencia es única.

    <F> Ha sido una experiencia tan bonita esta peregrinación, con niños, con sacerdotes, con gente que tenía fe, otros que no tenían fe, otros que estamos “ahí y no ahí”, Cynthia con el grupo de oración… Ha sido tan bonito, tan cercano el estar aquí, que le dije a Cynthia “¿por qué no vamos a Dubrovnik otra vez? A Dubrovnik podemos ir en cualquier momento pero el hecho de estar aquí es una oportunidad única de vivir esta experiencia, así que yo prefiero, si no te importa, que dejemos Dubrovnik para otra vez y, ya que estamos aquí vamos a aprovechar hasta el último segundo del viaje”.

    ¡Y nos compramos la Virgen ya! Ya la hemos conseguido para el jardín y ya está bendecida también.

    Muchas gracias por escucharnos.

     

    Medjugorje, mayo 2022


NIKOLA & IRENE

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