ÁREA PRIVADA

  • Ana (de la anorexia y depresión, a la PAZ y a Su llamada)

    Me llamo Ana Poblet, tengo 26 años. Cuando tenia 14 años, enfermé de anorexia, lo que más tarde derivó en una depresión mayor muy grave. Con muchos ingresos a mis espaldas, terapias, tratamientos, hasta terapia electro-convulsiva, intentos de suicidio… en abril de 2019 mi madre me invitó a una peregrinación a Medugorje. Antes de ir, me levantaba desde hacía prácticamente un año, todos los días empapada en sudor, llorando, con una ansiedad indescriptible. Estaba en tratamiento en el hospital, pero no daban con una medicación que consiguiese aliviar esta horrible sensación.

    El día que llegué a Medugorje, ya algo empezó a cambiar dentro de mí. Sentía paz. Me levantaba sonriendo y con ganas de un nuevo día junto a Ella. Recibí muchos regalos. El más grande, mi curación. Así fue que cuando volví de aquel viaje, una sonrisa se dibujó en mi rostro que perdura hasta el día de hoy. Regresé al hospital y nadie daba crédito a mi mejoría. Pero era tan evidente, que al poco tiempo ya me dieron el alta. Y no he vuelto a pisar el hospital

    Dos años más tarde, y como fruto de aquella experiencia, decido invitar a mis padres (mi padre no había venido la otra vez) a Medugorje de nuevo, como nuestro último viaje juntos, para dar gracias a La Virgen María por su obra en mí.


    Os preguntaréis que por qué me refiero a éste como a nuestro último viaje. 


    En 2017, en una fría habitación de hospital, con nada más que una cama y un escritorio, recibo por primera vez La Llamada del Señor. Pero entre hospitales y tratamientos esta voz parece acallarse. Va y viene. Hasta que el año pasado viene muy fuerte, para quedarse, enciende un gran fuego en mí. Y después de un año de discernimiento vocacional, doy mi sí. Así que, si Dios quiere, entraré en el Monasterio de La Conversión, de la Orden de San Agustín, en septiembre de este año.
    Es por eso que este último viaje, además de para dar gracias, tenia como propósito poner mi vocación a los pies de La Virgen, para que ella me lleve de su mano en este camino. 


    Medugorje es un sitio de paz, es un sitio único donde la presencia De Dios y Nuestra Madre es muy clara, palpable. Gracias a La Virgen encontré mi lugar en este mundo, pude salir de la enfermedad y ver con claridad lo que Dios quería de mí, de mi historia. 


    Ahora doy gracias por mi vida. Lo que nunca pensé que diría. Doy gracias por estar viva, por poder ser luz para otras personas que pasan por lo que yo pasé. Mi historia es preciosa, porque es una historia pensada por Dios. Y la acojo con inmensa paz y gratitud. 
    Ir de la mano de la Virgen recorriendo este camino es lo mejor que me ha pasado en la vida. Ella nunca nos va a dejar. Camina a nuestro lado y nos lleva a Su Hijo. “María, llévame a tu Hijo”, le repetía una y otra vez en esta segunda peregrinación. Y he podido sentir, una vez más, como me cobijaba bajo su manto.


    Ahora siento que tengo la misión de llevar a los demás ese amor De Dios que cura, que sana. En especial a todas aquellas chicas que se odian a sí mismas, que sufren el propio rechazo. Dios nos ama y quiere que nos amemos. Y sentir este Amor sana. Pero no todo el mundo lo conoce, por desgracia. Ahora quiero llevarlo allí donde vaya.

     

    Ana


NIKOLA & IRENE

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