ÁREA PRIVADA

  • Javier Massanet

    Cuando empecé mis vacaciones veraniegas en agosto de 2012, tras un periodo de trabajo muy absorbente, mi mujer me contó que mi hermana acababa de irse una semana a Bosnia, concretamente a Medjugorje, un sitio en el que decían que se aparecía la Virgen. Me pareció una excentricidad, algo incomprensible, pero… “en fin…, que haga lo que quiera”, pensé.

    Mi hermana nos dejó varios libros sobre ese lugar, y al cabo de unos días comencé a leer uno de ellos, titulado “Medjugorje”, cuyo autor es el periodista Jesús García. Se trata de un libro de fácil lectura, que, de forma muy sencilla, describe los hechos acontecidos, los protagonistas, las pruebas científicas existentes, la posición de la Iglesia, las consecuencias de estos acontecimientos. En definitiva, es un libro que te sitúa perfectamente respecto de todas las circunstancias del fenómeno Medjugorje.

    Muy pronto tuve la convicción de que todo era verdad. Las apariciones se iniciaron en plena Yugoslavia comunista, y los videntes eran seis niños que aguantaron increíblemente la gran presión a que fueron sometidos por las autoridades de ese régimen ateo. A ello se sumaban las numerosas y avanzadas pruebas científicas que se habían practicado a los seis videntes, todas ellas con resultados concluyentes sobre la naturaleza no explicable del fenómeno.

    Mi hermana regresó y ratificó las conclusiones extraídas del libro: allí pasaba algo extraordinario, se producían miles de conversiones, se elevaba el espíritu, el mal sufría, e incluso había curaciones milagrosas. Nos dijo: “es como el Evangelio”.

    A finales de septiembre ya estábamos allí con nuestros tres hijos mayores. En el aeropuerto de Dubrovnik nos recibió Nikola. Un tipo muy auténtico!!! Grande, simpático, expresivo, lleva consigo una milagrosa historia de dolor, fe y curación, que tiene final feliz en su matrimonio con Irene, una dulce y eficacísima organizadora de peregrinaciones.

    Lo que me atrapó fue esa fe sencilla que todos transmitían. Fe de verdad, con mayúsculas, sin dudas. ¿De donde salía esa convicción que no se complica con lógicas mundanas?, ¿por qué yo quería abarcar con la razón lo que forma parte del misterio?

    Comenzamos a andar y rezar, andar y rezar. Qué fácil se reza allí!!! Entendía las cosas del espíritu con más facilidad que nunca. Entraba con enorme rapidez en “modo oración”, casi sin darme cuenta. Mi alma estaba cada día más serena, más en paz. Era un estado en el que quería quedarme instalado…., pero la peregrinación acabó y tuvimos que volver.

    Mi gran sorpresa fue el regalo con el que volvimos a casa: el gusto por rezar. Sin saber cómo ni por qué, lo que siempre nos había parecido tedioso, ahora nos daba paz, nos fortalecía, nos alimentaba, en definitiva nos gustaba rezar.

    En muchos mensajes la Virgen dice “oren, oren, oren”, y en una ocasión uno de los videntes le preguntó “hasta cuándo?”, y Ella contestó “hasta que les guste”. Es lógico, si te gusta lo seguirás haciendo.

    Eso sucedió con nosotros, como ahora nos gustaba rezar nos pusimos a rezar. Y rezar cambió nuestras vidas.

    Al abrir la puerta a Dios y a la Virgen todo se ha transformado, todo ha mejorado. Porque Ellos nos enseñan, nos curan, nos guían, y dan pleno sentido a todo.

    Gracias Madre por llamarnos a Medjugorje, y gracias por regalarnos ese gusto por rezar que tanta felicidad ha traído a nuestras vidas.

    Javier


NIKOLA & IRENE

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