ÁREA PRIVADA

  • Arantxa Montoliu (Esposa, madre y farmacéutica)

          Tuve la grandísima suerte de poder ir a ver a la Virgen de la Paz de Medjugorje hace ya casi 3 años, en abril del 2015, acompañada por mi marido, Josemaría, unos muy buenos amigos y un grupo muy especial con los que todavía seguimos en contacto.

           La Virgen me invitó con un pensamiento muy racional, tal y como soy yo“Si realmente la Virgen se está apareciendo a día de hoy a tan solo 3 horas de vuelo de mi casa, la Virgen en la que creo y a la que rezo todos los días… ¿¿¿Cómo no voy a ir a verla???”. Además me llamaba mucho la atención el cambio que pegaba la gente al ir, la fe tan fuerte con la que volvían, el brillo especial en su mirada… ¡yo también quería eso para mí!.

           Siempre he sido muy de la Virgen, especialmente de la de Torreciudad, donde veraneo. Soy muy afortunada ya que he crecido en el seno de una familia católica, tengo unos padres generosísimos que siempre me han dado más de lo que pueden, fui a un colegio donde lo más importante son los valores cristianos, siempre he estado rodeada de buenas amistades, me casé con la persona que desde muy pequeña estaba locamente enamorada, tenemos 5 hijos maravillosos… Así leído parece que tenía todo… pero yo quería esa “conversión” de los peregrinos de Medjugorje.

           Y como siempre, Ella no falla, como buena Madre que es, me dio lo que mi corazón necesitaba:

    - La certeza de saber que estoy donde tengo que estar, junto a mi marido y en el Opus Dei.

    - Recordarme la gran persona que Ella ha puesto a mi lado, que la rutina, el cansancio, los niños, el trabajo… tantas veces no te deja apreciar. Josemaría y yo, los dos juntos, de la mano de Nuestra Madre, todo lo podremos.

    - Y me dio el gran regalo de que toda la formación recibida desde niña echó raíces en lo más profundo de mi corazón, consiguiendo “saborear” todo lo que siempre he creído. Somos hijos de Dios, por eso no se separa ni un instante de cada uno, nos acompaña en todas las circunstancias de nuestra vida, para reír y disfrutar con nosotros de tantos momentos buenos y para llorar y consolarnos en los malos. Sólo hay que levantar un poco la cabeza para dejarle ser partícipe.  Que el gran misterio de la Cruz no sirve para aplastarnos, sino que, aunque humanamente sea horroroso, es un trampolín para abrirnos las puertas del Cielo: Dios sabe más y no gastemos fuerzas en entenderle. No somos nada, no merecemos nada. En este mundo estamos de paso. Hemos sido creados para llegar al Cielo, eso es lo que verdaderamente importa, por eso desgastémonos en acercarnos más a Dios y en acercar a tantas almas que nos rodean, para luego reencontrarnos allá arriba y disfrutar eternamente.

           ¡Gracias Virgencita por quererme tanto, no me lo merezco! Y gracias por facilitarnos acercarnos más a tu Hijo con sitios tan especiales como Medjugorje: un pedacito de Cielo en la tierra. No te olvides jamás de los míos ni de mí. 

    Arantxa Montoliu


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