ÁREA PRIVADA

  • María López - Jurado (fotógrafa profesional)

           

            Se me hace difícil describir en un papel y con palabras lo que ha supuesto Medjugorje en mi vida. Podría resumirlo en una frase: “Medjugorje es el lugar de mi encuentro con Cristo”.

           Fui por primera vez en 2013, con mi marido, como viaje de décimo aniversario de casados. Siempre pensé que lo celebraría en una playa desértica con muchas palmeras, y, sin embargo, me encontré allí, en la Bosnia profunda, entre montes y rodeada de piedras. Pero aquel primer viaje me cambió por completo la vida, porque cuando uno se encuentra con el amor de Cristo cara a cara, tu vida nunca vuelve a ser la misma.

          Fui con mucha ilusión y con muchísimas ganas de sentir el abrazo de la Virgen. Sabía que, seguramente, no vería cosas extraordinarias, pero tenía el anhelo de sentir su abrazo. Siempre me he sentido muy cerca de la Virgen, he nacido en una familia católica, y la fe ha formado parte de mi día a día desde siempre, pero los últimos años estaba pasando una tibieza espiritual que sólo la misericordia de Dios había hecho que no me alejara por completo de Él. Nunca había dejado de ir a Misa o de confesarme pero Dios no formaba parte de mi vida. Él estaba de espectador y sólo me acordaba de implorarLe cuando necesitaba algo.

         Así que llegué a Medjugorje en noviembre, por mi aniversario, con Nikola e Irene, a los que habíamos conocido por casualidad. Desde el primer momento, aquel lugar me atrapó. Desde el principio tenía la sensación de estar en casa, es decir, en el Cielo. El ambiente de paz que allí se respira lo envuelve todo. Vale que no hay playas ni palmeras, pero allí no vas  a visitar nada, vas a encontrarte con Ella, y Ella siempre siempre te lleva a su Hijo Jesús.

          Cada testimonio que escuchaba, cada rosario o adoración me iban abriendo el corazón, lo iban llenando. Los nuevos amigos de peregrinación, a los que increíblemente quería como si fueran mis hermanos, y lo que aprendía de cada uno de ellos, de Nikola... Todo era un regalo. Y aunque yo esperaba que la Virgen me regalara encontrarme con su abrazo, me di cuenta de que Ella me había llevado en sus brazos toda mi vida, cuidándome y protegiéndome.

           Antes de viajar reté a la Virgen y le dije que si Ella creía que tenía que ir a misa todos los días, es decir, que si la Eucaristía tenía que ser el centro de mi vida, que me lo demostrara. Y no hay nada como retar a la Virgen. Ella siempre gana. Y allí me hizo sentir en el corazón que estamos en esta vida para Amar, es lo único de lo que se nos va a juzgar. Y donde está el Amor de verdad es en Jesucristo, que se nos da en la Eucaristía, en cada misa, y que sin este Amor, cualquier amor que tratemos de dar a los demás, no está completo. De repente, todo lo que me habían enseñado pasó de estar en mi cabeza a hacerse vivo en mi corazón.

         También la Virgen me puso en el corazón empezar un Grupo de Oración en casa. No sabía muy bien cómo hacerlo pero Ella, como siempre con su amor de madre, me ha ido guiando. Me ha enseñado la importancia y la fuerza que tiene la oración en comunidad y en familia. Sé que Ella está presente en mi casa cada jueves, desde hace ya casi cuatro años, y sé que le presenta a Jesús nuestras oraciones como pequeñas rosas e intercede por nosotros de una manera muy especial.

          En Medjugorje me encontré cara a cara con el Amor de Cristo, me enamoré, y aunque nunca he vuelto a sentir lo que sentí a la vuelta de aquel primer viaje, la sed de Cristo no se apaga nunca, y siempre va a más.

          Volví con una gran necesidad de Él. Buscaba capillas de adoración perpetua, encontré el gusto por la lectura espiritual de libros que me hablaran de Él, especialmente la Biblia. Las cinco piedras –Eucaristía, Oración, Confesión, Ayuno y Biblia– de las que habla la Virgen, pasaron a ser fundamentales en mi vida. 

         En Medjugorje empezó para mí un camino y cambiaron mis prioridades. Jesús pasó a ocupar el centro de mi corazón. Siento la necesidad de volver todos los años y por eso le pido a la Virgen que me invite. Ella, que es tan estupenda, así lo ha hecho. Porque tengo la certeza de que allí empezó de verdad mi camino hacia al Cielo, y sé que, con Ella y Jesús de mi mano, ya siempre será hacia delante.

     

    María López - Jurado

     


NIKOLA & IRENE

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