ÁREA PRIVADA

  • María Vallejo-Nágera ( Pedagoga y escritora )

    Soy escritora de novela, ensayo, infantil y novela histórica. También escribo artículos. Mi primera novela fue atea… En ella me burlaba del protagonista (un sacerdote católico). Pero no tardaría en arrepentirme de mi soberbia…

    Tan sólo un año después, unas amigas anglicanas me llevaban a Medjugorje, a donde acudí refunfuñando y con ganas de regresar pronto a casa. Qué sorpresa me llevaría al descubrir que ese pueblito pasaría a formar parte, para siempre, de un “verdadero trozo de hogar para mí”. Porque fue en Medjugorje, un simple día de mayo, donde de la forma más inesperada, inimaginable y sobrenatural, mi alma despertó. No lo hizo viendo grandes cosas extraordinarias - observando girar el sol, la luna o las estrellas-. Tampoco me afectó conocer a los presuntos videntes de la zona... Pues Dios eligió para mí lo más burdo, lo más normal y cotidiano para zarandear mi interior. Decidió, simplemente, agitarse, con toda su presencia de todo un Dios, dentro de mi corazón.

    Lo hizo suavecito, -tal y como un Padre besa a su recién nacido-. No podría haberlo hecho de otra manera: de haber sacudido mi alma a través de mis sentidos, quizá hubiera muerto del susto… Él se me hizo conocer con infinito amor… Sólo bastó una caricia de su amor en mi alma para hacerme comprender que todo lo que desde niña me habían intentando explicar como bautizada católica, era cierto. Dios existía… Y mi alma –hasta entonces ciega y barata-, despertó de golpe ante su omnipotente forma de amar.

    Volví a mi hogar (Londres en aquel entonces), con el corazón en llamas. Era extraño sentir un amor tan grande hacia un Dios que apenas conocía… Y aún así, lo amaba. Y como toda persona enamorada necesitaba, con toda urgencia, conocerle más. Mi alma ansiaba a Dios. Mi alma tenía hambre de Dios…

    Corrí a buscarle en cada iglesia católica con la que me topaba: llamaba al párroco, le preguntaba mil dudas y me dejaba empapar con la gracia de los Sacramentos.

    Pronto me enganché, como una drogadicta que sólo ansia la droga del Amor, a la Adoración Eucarística… Jesús se me hacía vivo en cada custodia, y yo no sabía por qué… Nada veía, nada palpaba… Y sin embargo…

    Entonces mi alma se rindió a Dios.

    Sé que la Virgen tuvo mucho que ver con mi conversión. Ella, (estoy convencida de ello), tiene grandes gracias repartidas en Medjugorje. Mi corazón palpó vivamente su presencia en Medjugorje.

    He regresado nueve veces más a ese pequeño pueblito perdido entre montañas… Y nunca vuelvo a casa  sin un beso.

    Porque en Medjugorje, en cada Adoración, en cada misa,  en cada encuentro, en cada paseo, en cada rosario y en cada oración, recibo un beso, directo, de todo un Dios.

     

    María Vallejo-Nágera (Pedagoga y escritora)

    WEB:   www.mariavallejonagera.com

    e-mail:   oficina@mariavallejonagera.com

     


NIKOLA & IRENE

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